martes, 11 de mayo de 2010

Qué juzgue un juez en tu cocina.

Ahora mismo veo a mi madre

a través de una ventana dorada.

Mi madre y sus pequeñas manos

bajo el agua fría y el tintineo poliédrico

de las cacerolas.

Nosotros sentados en la mesa

hablando de la vida que fluye y se escapa,

ella y sus treinta años

de pasteles cuadrados,

son para mí tesoros rugientes de luz y consuelo.

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